Durante los años en los que he transitado por el camino de la danza y el ballet, han sido muchas las interrogantes que me ha provocado la existencia de la mujer como ser creador y como elemento de inspiración para un legado artístico que data desde el siglo XV. Si bien los paradigmas artísticos y el entorno actual de la danza se han abierto al concepto de igualdad, la evidencia histórica nos muestra que en la antigüedad la mujer en el ballet no tuvo un papel y rol fundamental en la creación de su estructura y lenguaje, más bien su intervención comienza desde la reestructuración de una metodología cimentada sobre una ideología patriarcal.